Placer destructor
¿Quién sabía que el sexo podría ser una enfermedad? Es verdad.
Cuando es en exceso puede hacer que las personas se queden viciadas y, por tanto obsesionado con las relaciones sexuales. En casa mis padres siempre me daban una educación abierta a mí ya mi hermano Rodrigo. Es a causa de mi hermano, que voy a escribir este testimonio. Siempre hemos sido amigos y siempre nos disculpabamos entre nosotros delante de nuestros padres. Cuando tenía casi 13 años (la diferencia de edad entre nosotros es de meses), comenzó a descubrir su cuerpo y también quería conocer el mio. Inocentemente, le dejaba desnudarme y jugar. Mis padres no lo sospechaban, porque mi hermano me pidió que fuera siempre nuestro secreto. Sin embargo, yo estaba menstruando y el excirado quería penetrarme. Yo no quería decir que tenía miedo, pero trató de hacerlo y tenía dolores horrible que no aguantaba y ni consegui dejar que el entrase. Avergonzada me vesti y fui al baño a lavarme. Mis padres se sorprendieron al estar yo tan callada y nisiquiera cenar con ellos. Dije que tenia dolor de cabeza. A partir de entonces, cada vez que mis padres estában ausentes, o incluso por la noche, mi hermano venia a mí y me violaba. No me atrevía a decírselo a nadie, pero yo estaba horrorizada cuando las otras chicas venian a contarme lo que les hacia. Después de todo, mi hermano violaba a más niñas y nadie hacia nada, porque la vergüenza y el miedo nos paralizaba.
Pasaron los años y me fui a la universidad, lo que me llevó a abandonar mi casa. Mi hermano no aceptaba mi decisión y mis padres estaban desconcertados por la frialdad con la que me trataba. Durante la noche, entró en mi habitación y dijo que era la noche de despedida. Me violó tan dolorosamente y bruscamente que mis padres se despertaron. Estaba ensangrentada y llena de dolor. Mis padres no lo querian creer! Me llevaron al hospital de inmediato y con gran dificultad, me queje de mi hermano. Con eso, la mayoria de las denuncias aparecieron y fue preso.
Cuando salio se fue a tratamiento. Nadie lo conseguia visitar y menos aun perdonarle. Sólo cuando los terapeutas del centro comenzaron a reunirse con nosotros, nos ayudaron a darnos cuenta de que mi hermano era un adicto al sexo, que tenía una enfermedad y necesita el apoyo de todos.
Sólo al final del tratamiento lo vimos fue muy doloroso, pero era otro. Incluso su mirada era diferente. Más vulnerable, humilde, cariñoso, super arrepentido por todo. Finalizo el tratamiento hace dos años y formó una familia. Estamos orgullosos de que él haya dado una vuelta en la vida y no puedo sentir resentimientos. También aprendí en las terapias para tratar con el sexo. Sin este tratamiento, ni yo ni mi esposo podemos tener una vida sexual equilibrada. Estoy profundamente agradecida por el excelente trabajo que el equipo desarrolló
Gracias a todos.
Cristina Araújo