Villa Ramadas español italiano english português français greek czech
 
Maldita sea la suciedad

En Villa Ramadas salido con mi mayor fobia: la tierra. Mucha gente se echó a reír cuando lo cuentan, pero es verdad. Tengo que tener ataques de pánico sólo para ver una mota de polvo. Desde niño me estaba acostumbrado a ayudar a mi madre a hacer limpieza de la casa. Incluso con cosas que brillan, siempre había algo para limpiar aún más. La casa más limpia de lo que fue, para mí fue y si vino alguien y algo en mal estado o sucia, hizo un esfuerzo por no regañar. Apenas la persona que había ahí fuera hace con la tela de polvo.
Mi padre iba "pasado" con la situación, ya que fue la mayor víctima. Nuestras peleas eran frecuentes, porque yo sentía que no han respetado el trabajo que tenía que dejar todo limpio. Nunca se relajó y se fue a casa de alguien y camino de tierra, allí estaba yo limpio, e incluso ofender a la gente. Y así fue hasta que cumplí los 16 años, que en realidad me sentía de tener más de 50 años ... Nunca relajarse o descansar, fue tan lejos como para desinfectar todo con el alcohol y el montar a caballo con los guantes en casa. Me sentía agotado y comenzó a perder las ganas de vivir. Mis días, cuando no esté en clase, se gastaron en casa haciendo la limpieza.
Por propia iniciativa, busqué ayuda y encontró la solución en la clínica. Confieso que al principio estaba desesperado, me encerró en la habitación para limpiarla. El lío a mi alrededor me vuelve loco. Teniendo que vivir con tanta gente era una tortura. Pero poco a poco yo me estaba entregando el tratamiento que estaba haciendo la obra y comenzó a relajarse más. La limpieza ya no es mi prioridad. Aprendí a valorar otras cosas en la vida. Seis meses fueron muy intensos, pero cada día era una nueva victoria. Las visitas a domicilio no fueron fáciles, ya que fue cuando mi fobia quería sobresalir, pero no podía controlar la situación.
Han pasado cuatro años, vivo solo y está seguro de tener mi casa siempre limpia, pero ya no me mantiene despierta para ir a dormir con los platos para lavar ...


Cátia Antunes