Juventud dormida
Los medicamentos son, sin lugar a dudas, mi perdición. Quiero decir, ellos han sido, porque después de hacer el tratamiento en el centro, consegui una vez por todas a llevar una vida normal y feliz, sin tener que estar sobre los efectos de la medicación.
Con sólo 16 años tuve una depresión que me dejó completamente por los suelos y sin ganas de vivir. Todo fue provocado por la muerte de mi madre, mi pilar fundamental en la vida. Viviamos una para la otra. A pesar de mi padre ser una persona presente, siempre hemos tenido una relación más distante. Sin que nadie se lo imaginara, a mi madre se le encontró un tumor maligno en la cabeza, después de haber ido al médico quejándose de dolores de cabeza. Todo sucedió tan rápido, en el plazo de un mes de su muerte. Era como si me hubiera muerto con ella. Ni tube tiempo para mentalizarme ni para despedirme de ella. Pero como se le puede exigir a una joven de 16 años que encaje una situación de estas
Me aislé, dejé de ir a clases, estar con mis amigos, comer, cuidar de mi higiene diaria ... ya no vivia. Mi padre, desesperado y sin saber cómo hacer frente a mí, me llevó a un psiquiatra que me receto un montón de medicamentos. Finalmente me sentí tan adictiva y no mejoró, empecé a automedicarme y a tomar otras píldoras que compraría en la búsqueda en Internet. Iba como un verdadero "zombie". Volví a la escuela, pero no podía concentrarme porque el sueño no me dejaba. Tenía sólo 16 años y ya parecía una vieja.
Mi padre descubrio que yo era adicta a las píldoras y dio un paso radical, en ese momento no entendía, pero hoy le agradezco inmensamente. Decidio que tenia que ir a tratamiento a Villa ramadas. A pesar de mi corta edad, me adapté de inmediato, era la niña mimada. Me sentí bien con tanto cuidado, el amor y la amistad que me dieron. Poco a poco, el médico fue reduciendo las pastillas, hasta que deje de tomar por completo. Fue una gran diferencia. Además, todavía hice un luto por la muerte de mi madre, para ayudarme a deshacerme de mis miedos.
Trace objetivos. No olvidaré el día que terminó el tratamiento, me costó mucho, porque se había creado una familia, pero mi papá me necesitaba. Me convertí en una mujer y termine siendo el pilar de la casa. Nunca olvidaré cómo este tratamiento se ha hecho por mí. Hoy si soy una persona feliz y equilibrada, le debo mucho a ellos. Con una sonrisa y siempre viven un día a la vez, esta es mi filosofía de vida, porque lo que no nos mata nos hace más fuertes.
Vera, Cabo Verde