Villa Ramadas español italiano english português français greek czech
 
Vida vacia

Soy María y yo soy adicta al juego desde hace cinco años. Es raro cómo suceden las cosas en nuestras vidas. Siempre he sido una persona equilibrada, luchadora, comprometida, buena hija, buena esposa, buena madre. La entrada en los 50 años, la salida de casa de mis hijos, la jubilación anticipada y el descubrimiento de una relación extramarital de mi marido, me dejó completamente de rodillas. Yo era una persona tan positiva que no podía entender por qué Dios me estaba haciendo pasar por esto.
Sin saber cómo lidiar con la situación de sentirme sola y desamparada, me fui a buscar refugio en Internet. Era un mundo nuevo cada día era un nuevo descubrimiento.
En una página de las que visite, había publicidad de un sitio de póquer. Curiosa, me fui y vi cómo se jugaba. Después de aprender las reglas, me inscribí y empecé a jugar. Al principio, casi siempre perdia, hasta que estudiaba los pasos de otros jugadores. Me informe mejor haciendo investigación sobre las normas y la verdad es que me empeze a animar con las victorias. El vicio fue tal que ya no tenia una vida, de hecho mi vida era el póquer. Todo lo demás quedó atrás, limpiar la casa, la relación con la familia, el gusto por mí ... Pero yo quería más y me inscribí en un sitio donde las apuestas eran de verdad. Allí estaba fue la perdicion. Todo lo que tenia lo jugaba. A veces ganaba, otros perdia, pero nunca le daba para restablecer la inversión.
Incluso llegue a vender mi anillo de compromiso y el anillo de boda. Por mucho que mis hijos tratasen de frenarme era imposible. Mi esposo, se convirtió en ex y se fue de casa. La casa estaba pagada y se quedo para mí, cree una hipoteca para pagar deudas de juego, hasta el punto que estuve a punto de quedarme sin casa. Entonces mis hijos se dieron cuenta de la magnitud de la situación y me llevaron a visitar Villa Ramadas. Yo estaba encantada de inmediato y después de hablar con el equipo terapeutico, parece que "Me desperté y vino a mi la realidad. Estuve de acuerdo para hacer el tratamiento y pronto me di cuenta que había dejado de vivir en beneficio del juego. Siete meses había un montón que aprender.
Terminé el tratamiento retomé mi vida y lo llene con actividades tales como las danzas, artes decorativas y me convirti en una entidad de voluntariado que apoya a niños en riesgo. En el fondo, creo que todo lo que pase era inevitable, porque sólo entonces fui bendecida con estos hallazgos y fue en la clínica donde descubri esta nueva dirección para la vida.
Porque la vida está llena de lecciones y fue en la clínica, en tan poco tiempo, en las que tuve las mayores de mi vida.

María Antonia