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Los fantasmas de la oscuridad

Desde pequeño que a mi hijo no le gustaba la oscuridad. Recuerdo perfectamente que cuando él empezó a estar solo en la habitación, aún no pronunciaba ni sus primeras palabras, pero conseguia explicarse con gestos para no cerrar la puerta del dormitorio y dejar una lámpara encendida. Pense que todo esto normal, porque muchos de los hijos de mis compañeras de trabajo tuvieron la misma actitud.
Los años pasaron y nada cambió. Francisco no pudo hacer frente a la oscuridad, y cuando se iba la luz, era una pesadilla. Ya con 18 años por mucho que hablamos con él para entender el por qué de la situacion, el no me podía explicar. Fuimos a varios psicólogos y todo el mundo dijo que era una situación normal y que no era tan desesperada. Yo no lo podía aceptar y lo peor pasó una noche en que se fue la luz y se despertó durante la noche. Al no ver a nadie entro en panico y se echó a gritar, dejando varios objetos rotos
Esta fobia a la oscuridad ni siquiera era algo normal. Después de mucha investigación en Internet, me encontré con que Villa Ramadas podría ser la salvación de mi hijo. Francis, un muchacho tranquilo, muy pegado en su mundo, se propuso hacer el tratamiento. Fueron meses muy dolorosos pero en donde hicieron algunos descubrimientos sorprendentes. Después de todo, la fobia de mi hijo tenía que ver con la violencia doméstica que había presenciado en el pasado entre yo y su padre. Esta situación nunca pasó por mi mente.
Catorce meses después de completar el tratamiento, mi hijo es un nuevo chico. Un joven lleno de amigos, metas, ambiciones y mucha vida. Ahora tiene un brillo que nunca había visto en sus ojos. La lámpara ya no es fundamental y la puerta del dormitorio se va cerrando cada día más. Con este tratamiento, mi hijo recuperó su entusiasmo por la vida y yo gane un nuevo hijo.
Gracias por todo, son maravillosos!

Ivone Pedroso