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Vivir a crédito


Anabel y soy un adicta a las compras desde que tenía seis años. Sí, puede parecer increíble pero es verdad. Desde los de seis años, cuando mis padres me dieron dinero para comprar el almuerzo en la escuela, siempre me pasaba de más de lo que dijeron, pero eran todas las cosas innecesarias y que no me alimentaban. Mis padres me advirtieron, pero como yo era joven me disculpaba, diciendo que todavía no tenían el concepto de dinero. Pasaron los años y mis padres siempre me protegian.
El colapso se produjo cuando empecé a trabajar a tiempo parcial, que tenía 18 años y acababa de entrar en la universidad. El sueldo que había recibido, todo estaba destinado para la ropa, maquillaje, zapatos, bolsos ... todas las cosas innecesarias y que casi siempre que terminaron por no usarse. Mientras tanto, yo estaba casada y vivía con mi esposo. Entonces todo empeoró en gran escala. Empecé a pedir creditos tras créditos, sin comunicar nada a mi marido. Incluso forjar su firma. Cómo era yo quien administraba las cuentas de la casa, no se dio cuenta lo que estaba sucediendo.
También porque tuve la precaución de cortar las etiquetas de las cosas y tirar todo y cómo el era un poco "despistado", no se daba cuenta de que estaba estrenando cosas siempre. Sin embargo, no puede pagar todo, mi nombre, inevitablemente, terminó siendo sucio en el Banco de Portugal. Aun pude ocultar esta situación un tiempo, hasta que mi marido decidió que era hora de cambiar de casa y se aseguró de que el préstamo bancario fuese a nombre de los dos. Aquí es donde fui descubierta, porque no podía pedir nada en mi nombre. Tuve que confesar todo, cosa que mi marido no podía creer que la deuda que había acumulado era de, cerca de 55.000 euros gastados en ropa, ropa interior maquillaje, ... Él me amenazó con irse, en caso de que no hiciese tratamiento. Estube con psicólogos y no me servieron de nada , porque yo seguía haciendo compras sin medida.
Mi marido, cansado de la situación me dejó. Volví a casa de sus padres con el corazon desecho. Me di cuenta de que tenia que cambiar de vida. Me fui por iniciativa propia a Villa Ramadas y pronto comenze a sentirme mejor. Confieso que los tres primeros meses fueron difíciles, pero llegó un descanso en casa  y estaba más emocionada porque me sentía que estaba cambiando. Terminé el tratamiento con éxito y no se pueden imaginar lo que me pasó a mí: era mi marido quien me vino a buscar el último día. Yo estaba loca de alegría!
Volví a revisar las cuentas de casa y mi marido tiene plena confianza en mí. Nunca compro por impulso,  analizo bien los pros y los contras.
Creo que este tratamiento ha cambiado mi vida y que un comprar en exceso es una enfermedad que hay que tratar antes de que de cabo con nuestras vidas.

Si hubo un dinero que nunca me arrepenti de gastar fue el de este tratamiento, fue así como renaci a la vida.


Anabela Morais